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Satoshi Uchihara

“Crear luz que rezume aroma”

“Para mí, diseñar iluminación es diseñar un ambiente abstracto” dice Satoshi Uchihara, del estudio japonés Uchihara Creative Lighting Design. “El diseño es visible, pero su objetivo es diseñar también lo invisible. La iluminación es comunicación, es aquello que vemos con nuestros ojos abiertos. En cuanto cerramos los ojos, muchas de las cosas, como sentir el aire y percibir a las personas, las tenemos que imaginar porque no las vemos. No ver es, aparentemente, una situación incómoda, pero en realidad es un entorno en el que un ser humano tiene mucho que explorar. Existe una gradación de luz increíble entre el mundo de ver y el de no ver. Me interesa mucho ese diseño".

Tokyo International Airport (Haneda), Tokyo, Japan © Toshio Kaneko

“Muchas veces pensamos que la comunicación verbal es suficiente. En realidad no lo es. Creo que la comunicación espiritual y emocional proviene de los aspectos culturales. El tradicional sentido de la belleza japonés contribuye a esta comunicación espiritual y emocional. El sentido de la belleza de la ceremonia del té, de una habitación o un jardín de estilo japonés, por ejemplo. Incluso los quehaceres cotidianos como bañarse y comer, las estatuillas de Buda y otras cuestiones históricas y religiosas.  Todo ello ha contribuido a nuestra forma de comunicación. Creo que nos sirve de base. Una cosa bella no es forzosamente completa en sí misma. En lugar de limitarnos a ver un objeto hermoso, debemos comprender su entorno para a su vez comprender perfectamente la intención de otros. A eso lo llamamos mitate (criterio) o saho (código)”.

 

¿Esta filosofía la ha desarrollado usted a lo largo del tiempo?

 

“Todavía sigo avanzando y reconociendo cada vez más posibilidades que ofrece la luz. Por ejemplo, como decía Le Corbusier, al recipiente que usamos para verter agua lo llamamos “vaso”; para él, la arquitectura es un “receptor de luz”. Vertemos agua en un vaso transparente. El agua se adapta a la forma del vaso. Si pensamos en el agua como si fuera luz, cuando terminamos un edificio lo último que vertemos en él es la luz. La luz llena la arquitectura y sale hacia fuera. Luego, una manera de ver la arquitectura es como si ésta fuera un receptor, un contenedor de luz. No es un concepto que haya descubierto de repente, sino que fue desarrollándose gradualmente. Mis primeros 10 años de mi vida como diseñador de iluminación los dediqué a perfeccionar mis conocimientos técnicos. Durante ese período trabajé como jefe de diseño en el estudio de la señorita Ishii”.

“Durante los 10 años siguientes, adquirí más confianza a la hora de hacer valer mi opinion y empecé a expresar mis diseños de una manera más anticipatoria. Durante esa época todo cambió. Fue la primera vez que reflexionaba sobre mí mismo, sobre cuáles eran mis pilares y lo que significaba ser japonés”.

¿Tiene alguna forma específica de encarar un proyecto?


“La misión de un diseñador es cumplir las condiciones del cliente dentro del presupuesto establecido. Y aunque mis palabras parezcan salidas de la boca de un artista, creo que podemos conseguir nuestra filosofía de diseño con cualquier presupuesto. Ello se debe a que, aunque utilicemos una sola lámpara en una zona espaciosa, podemos aplicar varios controles de diseño para demostrar hasta qué punto una lámpara puede ofrecer variedad y cambiar las cosas (a menos, claro está, que sólo la utilicemos para encenderla y apagarla). Participamos sobre todo en grandes proyectos, pero lo que de verdad importa es saber si los usuarios finales son todos iguales. A menudo varían ligeramente. Aunque ello suponga aplicar técnicas complejas, siempre nos esforzamos en conseguir un diseño completo para los usuarios finales cuando hacemos una presentación a nuestro cliente. Por tanto, incluso si el presupuesto es limitado, ello no afecta al usuario final. El valor de la luz que en definitiva perciben los usuarios finales debe prevalecer por sí mismo y por encima de cuestiones financieras como la relación coste-beneficio”.


¿Podría describirnos algunos de sus proyectos?


“Valoramos muy especialmente los proyectos culturales y locales japoneses, sobre todo los de Kyoto.
El templo Kinkakuji (Pabellón Dorado) de Kyoto es algo fuera de lo corriente. La estructura está revestida de una capa dorada y el acabado de su superficie es también dorado, pero por dentro hay una gran concentración de pureza y excelentes muestras del arte japonés. Convertimos el dorado en una silueta. Al iluminar las montañas de alrededor, sólo vemos la silueta de la estructura. En realidad, debajo del dorado hay un templo de escayola oscuro como la boca de un lobo. Los conceptos de “espacio interior” o “universo dentro de uno mismo” que encontramos en la filosofía oriental no se transmiten mirando objetivamente al templo, pero con la iluminación se consigue un auténtico mundo de expresión”.

Qué emociones estaba intentando expresar?


“Asombro. Porque no muestra el objeto físico. La iluminación generalmente ilumina el objeto de forma directa. Cuando nos hicimos cargo de la iluminación del templo Byodoin de Kyoto, la conseguimos en su totalidad mediante su reflejo en el agua. Lo que pretendíamos era expresar y transmitir el fluir del tiempo, los 1000 años que esta estructura lleva en pie”.


“Otro proyecto interesante fue la Beautiful Fukushima Future Expo de 2001, una exposición dedicada al medio ambiente. Colocamos 3000 objetos en un espacio de 24 hectáreas. Empleamos una combinación de tecnologías sencillas, sin cableados innecesarios. Todas las luces de los pabellones se configuraron con arreglo a una modulación periódica. Las exposiciones son para las personas y las personas necesitan luz, pero otras criaturas vivientes no la necesitan durante la noche”. 

“Generó una respuesta muy negativa.
La gente la percibió como una exposición sumamente oscura.

Sin embargo, quería crear un entorno en el que las personas sintieran que vivimos dentro de un ritmo más grande de las cosas.

Mediante un sistema LED, conseguí programas naturales de circulación de energía sin necesidad de cableado.

La iluminación se vinculó al atardecer y el viento se encargó de activar el parpadeo.

Cada unidad dispone de su propio micrófono y, cuando la atraviesa el viento, las luces parpadean. Para el ser humano es fácil controlar intencionadamente un entorno falso; lo difícil es crear una presentación que llegue al corazón de la gente y al mismo tiempo resulte natural”.

¿Ha emprendido otros proyectos medioambientales?

“Probamos un experimento interesante en Ehime.
Se trata de las casas antiguas japonesas que crean el ambiente de esta ciudad. Para crear el ambiente nocturno de la ciudad, propusimos desarrollar una iluminación basada en cómo la luz sale por las ventanas. La llamamos “luz de ventana”. Pero para hacer realidad este concepto, tuvimos que explicarlo a cada uno de los propietarios. Fuimos puerta por puerta y finalmente conseguimos la cooperación de las 200 casas. También aceptaron usar su propia electricidad, y el ayuntamiento accedió a reembolsarles el coste al final del proyecto.

Duró tres meses, al cabo de los cuales nuevamente recorrimos las casas una por una para pagarles. Las 200 viviendas recibieron una suma moderada y todos preguntaron:


“¿Realmente costó tan poco dinero?”


Lo que intentamos explicarles es que la gente desconoce el coste exacto del uso de energía.


“Todos sabemos que debemos reducir la energía. Tomemos como ejemplo la iluminación de oficinas. Creo que se puede reducir la intensidad de la luz de 750 lux a 500 lux. El ahorro equivaldría a la producción de una central de energía atómica. Cuando la gente lo entienda, podrá elegir. En Asia, sobre todo en Japón, se utilizan tubos fluorescentes de más de 4000 Kelvin en los entornos residenciales. Lo que hemos observado en los últimos cinco años es que cuando viajas en el tren bala desde la zona occidental de Japón a Tokyo, la temperatura del color de las ventanas residenciales disminuye rápidamente a medida que nos acercamos a Tokyo. En estos últimos 5 años, la tendencia en iluminación en los apartamentos ha ido cambiando de una luz blanca densa a unos colores más cálidos”.

Antes mencionó a Le Corbusier; ¿qué otras personas han influido en usted?

“El pueblo japonés es lo que más me influye. Los monjes budistas. Los jardineros. Aprendo mucho de ellos. Al principio estaba muy influenciado por occidente, pero después me empezó a influir Japón.


Decir que el aroma se percibe por la nariz no nos ofrece ninguna respuesta. Hay que dar rienda suelta a la imaginación para comprender de verdad la sensación que se tiene al entrar en contacto con un determinado aroma. Sólo así se puede ascender por la escalera de la creatividad”.

Satoshi Uchihara

Biografía

Lugar
Tokyo, Japón
Historial
Diseño
Experiencia
26 años
Especialidades
Diseño de iluminación de interiores

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