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Martin Lupton

“Todo debería tener una sólida base conceptual”

“Para mí, la iluminación arquitectónica es el equilibrio perfecto entre la ciencia y el arte”, comenta Martin Lupton. “Lo que hacemos puede muchas veces ser artístico, pero no es arte. Estos últimos años hemos colaborado mucho con artistas, quienes aportan un auténtico fondo conceptual, contextual, a la obra: con frecuencia no podemos alcanzar tales profundidades en las actividades comerciales debido a las escalas de tiempo que intervienen. Pero creo firmemente que nuestro trabajo debe sustentarse en una sólida base conceptual. Ha de haber una razón para hacer lo que hacemos, algo que va más allá de la simple creación de algo que tiene buena pinta”.

Princess Hay, Exeter, United Kingdom © David Barbour, Insite Arts

¿Fue esto lo que le atrajo a la iluminación?


“Decididamente, participar en un proceso de conceptos creativos con un equipo de personas es una de las experiencias más gratificantes que te pueden suceder. De hecho el aspecto humano de la iluminación dentro del conjunto es muy importante para mí. Una de las razones es la capacidad de fomentar la interacción social. Con la luz puedes cambiar el ambiente de un lugar. En realidad puedes convertir un lugar en el que la gente no quiere estar, en un espacio al que la gente agradece ir, hablar con otros, socializar e interactuar. En un principio quería se arquitecto, pero cuando empecé a desconfiar de mis dotes para el dibujo, decidí asistir a un curso de Ingeniería ambiental. Se centraba más en lo que sucede dentro de los edificios, en cómo hacerlos funcionar para la gente que los ocupaba: era una forma de, supongo, resolución creativa de problemas. Al final del curso, tuve ocasión de cursar un doctorado en iluminación, en lo que fue el principio de mi interés por la luz, la iluminación y el diseño, y pasé directo de la academia a una consultoría de luz y diseño”.

Ahora está muy involucrado en la Asociación Profesional de Diseñadores de Iluminación.

“Sí. De entrada me apunté a la PLDA porque creo en esta profesión y me gustaba el mensaje que promocionaban, planteando el diseño de iluminación con un marcado énfasis en la educación. Quizás el mejor ejemplo es el taller de una semana de duración que celebramos anualmente en la ciudad sueca de Alingsas.
Sesenta estudiantes se reparten entre seis diseñadores de diferentes extractos y juntos trabajan en un sitio elegido por el diseñador que corresponda.

Todo es cuestión de aprender el proceso conceptual. El diseñador no hace el diseño, pero actúa como monitor y los ayuda a lo largo del proceso, procurando que no cometan demasiados errores de calibre”.

“Fue la experiencia en uno de estos talleres de Suecia la que realmente me inspiró para implicarme aún más con la PLDA. Trabajé con 9 estudiantes en un manzanar adjunto a una casita, básicamente un jardín privado. La primera tarde los llevé al jardín y los hice probar unas luminarias y ver algunos efectos.
Mi idea era que entendieran que apuntar con la luz a las cosas no es lo mismo que un concepto. Mientras estábamos allí fuera jugando con nuestras luces, entró una niña en el jardín y comenzó a correr entre los haces de luz. Se lo pasaba en grande y se partía de la risa. Algunos estudiantes tomaron fotos e incluso uno filmó algo”.

“Volvimos dentro a eso de medianoche y les pregunté por las ideas que se les ocurrían. Comenzaron a lanzar ideas pero les pedí que reprodujeran el video de la niña y sugerí que podría ser una fuente de inspiración. Y a partir de ahí la cosa funcionó. Crearon un país de hadas para la pequeña.

Fue increíblemente conceptual, todo en torno al rigor del mundo exterior frente al paraíso en el que la niña podía jugar”.

He visto fotografías y había mucha magia.


“Sí, la había. También teníamos un truco en la manga: era octubre y el suelo estaba cubierto de manzanas. Soterramos algo de fibra óptica en el terreno y la integramos en las manzanas, por eso brillaban tanto. Fue como un cuento de hadas, y creo que la gente lo vio así por la emoción que destilaba”.


“A ese nivel, yo veo la emoción de la luz como algo teatralmente artístico. Pero también debes considerar la emoción en un contexto social. Una vez me dijeron lo orgullosos que estaban de un esquema que acababan de terminar. En realidad era muy simple, sólo habían mejorado la iluminación del borde de un tramo destartalado de un canal. Pero gracias a la iluminación, las madres llevarían ahora sus niños por allí porque era un atajo en su camino a casa. La iluminación había creado un lugar que la gente usaría mientras antes no se atrevían. Es el poder de la luz para transformar las cosas en el ámbito social”.


En un sentido puede ser profundamente optimista, porque supone un cambio real en la vida de la gente.


“Sí, pero más que una gran carga emocional, lo cierto es que influyes en ellos de una forma muy pequeña.

Eso sí, les afecta todos y cada uno de los días de su vida, porque has creado un espacio al que ahora van y has transformado una zona que de otra forma habrían evitado. Creo que este aspecto social de la iluminación no se está abordando en toda su dimensión”.

Imagino que hay alumbrado funcional, para ver y saber que no te van a asaltar, y una clase distinta de iluminación con la que se trata de crear un tipo de emoción.

“Se trata de fomentar la interacción social. Podrías tomar un espacio, por ejemplo, y simplemente poner la misma cantidad de luz por todo él, proyectar luz como en un campo de fútbol y la gente iría por allí apresuradamente. Pero también podrías crear áreas de interés y rincones privados en los que la gente se detuviera a sentarse y charlar. En tal caso la luz no existe por sí misma sino que debe sustentarse en un firme concepto paisajístico, en un sólido concepto arquitectónico”.

¿Puede hablarnos de un proyecto suyo que ilustre esto?

“Recientemente participamos en el alumbrado exterior de un proyecto de regeneración comercial urbana del centro de Exeter: Un nuevo bloque con espacios de tiendas en la planta baja y residencias y oficinas arriba. El espacio está ahora activo porque allí vive gente y los bares y restaurantes cierran más tarde. Es un centro urbano ocupado. Nuestra experiencia con proyectos similares la trasladamos aquí y gran parte de lo que hicimos fue integrar la iluminación en los edificios y permitir la fluencia de la luz de una manera suave y discreta, complementado con áreas acentuadas”.

Entonces haciendo que la luz saliera del interior de los edificios y aprovechándola para iluminar los espacios más públicos.

“Sí. Y así se dibujan patrones de luz, sombras y formas, algunas de ellas como un lenguaje de diseño gráfico. Hemos hecho esto en un plan de esquemas recientes, usar las fuentes de luz para iluminar el espacio y aprovechar el rasgo iluminado como clave gráfica. No sólo acentúa la arquitectura sino que crea un ritmo en el espacio”.

“Y no es uniformidad anodina. Debajo de uno de los toldos de Exeter está lo que llamamos un código de barras. Usamos luminarias lineales simples, aunque adaptando el espacio entre ellas para que parezca un código de barras. Ilumina la calle y, cuando miras, ves una interesante secuencia de luminarias que en realidad no tienen relación con el ritmo arquitectónico del edificio, pero añade complicidad visual y atrae la mirada”.

¿Hay un estado de ánimo, una emoción, que esté intentando conseguir?

“Supongo que intentamos cosas fascinantes pero en algunos casos también aportar contacto social.
Queremos que la gente mire y piense en lo que hay allí, que se grabe en sus mentes, pero también nos gusta probar y asegurarnos de que la gente, esa gente que ‘posee’ el espacio, capta el sentido y aprende el concepto para poder compartirlo.”.

“Además vamos a ver si podemos usar códigos de barras en otro proyecto que tenemos en curso. Hay un viaducto de piedra victoriano que atraviesa el centro de Birmingham. Hemos realizado un diseño basado en códigos de barras, líneas verticales de luz y sombra. En lugar de iluminar continuamente el viaducto, hemos creado una línea horizontal de líneas verticales. La interdistancia y el color de las líneas deriva de la conversión de una palabra en código de barras, y tenemos pensado recoger las palabras de la comunidad local. Cada línea vertical de código de barras está conectada a un aerogenerador individual, de modo que cuando sopla el viento, el código luce más intenso. El viaducto cobrará nueva vida cuando la luz responda a los distintos patrones de viento de la ciudad. Cuando pase un tren, la turbulencia hará que las turbinas giren más deprisa y los códigos de barras reaccionarán cinéticamente a su vez”.

Entonces no se limita a iluminar el viaducto sino a añadirle diversión.

“Sí, desviamos la atención al viaducto y decimos: mirad con nuevos ojos este prodigio técnico victoriano”.
Suele hablar de diseño de iluminación natural”.

¿Se refiere a los ventanales?

“Diseñar con luz natural es bastante más que unos simples ventanales. Creo que la mejor forma de ilustrarlo es con otro proyecto, un colegio de Westminster. Cuando nos reunimos con los arquitectos, los mostramos algún estudio sobre cómo la luz diurna puede mejorar el rendimiento de los alumnos y reaccionaron de manera muy positiva, por lo que la luz solar gozó de alta prioridad en el proyecto. No obstante, el diseño orientado a la luz natural no es una actividad autónoma, pues implica una serie de cesiones en otras condiciones ambientales. Los ventanales significan más pérdidas de calor en invierno y ganancia térmica en verano, por lo que es una cuestión de equilibrio el obtener unas buenas condiciones de luz diurna. En este proyecto también se afectaba al diseño de la cubierta y propusimos uno totalmente acristalado, con una serie de rejillas verticales para maximizar la incidencia de luz natural. Además permite la entrada de luz a determinadas horas del día”.

“Para mí la luz diurna es inequívocamente el tipo de luz con más carga emocional. La luz solar es felicidad, ¿no crees? Cuando la oscuridad de la noche deja paso al día, se produce una gran asociación evolutiva con el cambio positivo. Ya es de día, un nuevo día. Todo lo emotivo que hay en la luz surge de la evolución y está arraigado en nuestra psique”.

“Si me preguntas cuál es el mejor tipo de luz, diría que la natural o la del fuego. Esta luz primitiva genera intensas respuestas emocionales. Mira las grandes catedrales o los edificios históricos: entras y el espacio está iluminado espectacularmente por haces de luz natural que atraviesan las vidrieras, o simplemente luz solar que se filtra por las ventanas polvorientas. Es un momento emocional muy íntimo. La intensidad de la luz se solidifica en las partículas de polvo del aire y la respuesta es siempre emocional”.
Martin Lupton

Biografía

Lugar
Londres, Reino Unido
Historial
Iluminación e ingeniería ambiental
Experiencia
16 años
Especialidades
"Espacios arquitectónicos de interior y

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