Luis Lozoya
“La luz sigue remitiendo a la vela”
“La iluminación es lo único en arquitectura que es intangible”, afirma Luis Lozoya, de la empresa de alumbrado Luz + Form radicada en Ciudad de México. “El resto de los elementos son materiales, se pueden tocar, sentir, oler. Pero la luz no es material, y aun así es el componente de la arquitectura que modifica la percepción de los espacios, los hace más pequeños, más grandes, más cálidos, más fríos. Y esa capacidad para alterar el espacio, o modificar la percepción humana del espacio, es lo que me atrae tanto de la iluminación”.

Iglesia Santa Fe, Santa Fé, Mexico City, México © Luz + Form
¿Era algo que siempre había sentido?
“El primer proyecto oficial que hice fue la iluminación de una discoteca en el hotel Nikko aquí, en México capital. Básicamente me dieron una caja negra para que la pintara de colores y la dotara de brillo o de opacidad. Y al instante podia cambiar cosas. Sí, fue la capacidad de modificar el espacio con luz la que me cautivó desde el principio”. ¿Estudió iluminación?
“Sabes, la iluminación en México es una profesión muy joven. Hasta hace poco, en su mayor parte era gestionada por las empresas fabricantes. Parecían más interesadas en vender sus productos que en entender el potencial de un alumbrado próspero. Yo fui a trabajar y a estudiar a EE. UU. y a Europa y de nuevo a EE. UU”.
“Trabajé principalmente con diseñadores de iluminación, y los americanos me enseñaron que la iluminación se compone de hecho de dos partes: la subjetiva, en la que sueñas, y luego la objetiva, en la que intentas hacer realidad tu sueño. Estos diseñadores ciertamente me inspiraron. Por último regresé a México y monté la empresa en 1994. Pusimos en marcha una tendencia completamente extraña en aquel entonces: gestionábamos proyectos en lugar de vender equipamiento de iluminación. Era algo muy excepcional para un arquitecto pagar a alguien por decirle qué clase de iluminación necesitaba y cómo debía funcionar”.
¿Cómo se trabaja con los interioristas?
“Creo que los diseñadores de interior tienen una gran habilidad para percibir el espacio. Normalmente están al cargo del proyecto y quieren transmitir una sensación del espacio arquitectónico. Con frecuencia su concepto incluye ideas sobre iluminación. Aprendí mucho de ellos y ahora trato de contribuir en ese diseño o concepto de iluminación”. “Me gusta pensar en la empresa como taller, como una especie de laboratorio. A nosotros nos consideramos ni más ni menos que artesanos de la luz. La arquitectura es siempre la base de nuestro trabajo y deberá definir la solución de iluminación. Cuando recibimos un plano de un arquitecto nos dirá -si es un buen plano- lo que requiere el proyecto, cuáles son las intenciones del arquitecto en cuestiones de espacio, y la función formal”.
“Luega ya depende de nosotros entender formalmente el espacio. ¿Cómo funciona? ¿Cómo es? ¿Qué materiales se emplean? Y después tomamos una decisión, generalmente consultando al arquitecto, sobre qué elemento del espacio debe acentuarse, cuál ocultar o qué hemos de hacer para alterar la percepción visual. Así se define el lenguaje del proyecto. Cada proyecto es, obviamente, distinto, y nosotros tratamos de no repetirnos, de innovar cada vez y lograr una armonía entre la arquitectura y la iluminación”. “Cualquier proyecto es la suma de muchos talentos: arquitecto, ingenieros, decoradores. En la discoteca Nikko, los arquitectos eran japoneses, los diseñadores mexicanos y los ingenieros americanos. Nuestras reuniones eran interesantes: tres idiomas, tres ideologías, tres formas diferentes de pensar. Pero era la forma en que canalizábamos todo esto en el proyecto final lo que lo hacía tan fascinante”.
¿Podría decirnos algo sobre un proyecto más reciente?
“Mis proyectos son mis hijos, los quiero a todos incluso a los feos. Uno de los más recientes ha sido en Japón, el proyecto Kin Chi Cho que significa el suelo dorado. Se trata de un área de Tokio con fábricas textiles, así que decidimos jugar con la idea de los tejidos. Teníamos un enorme suelo que iluminamos de un color. Pero lo hicimos sensible a la presión. Cada vez que alguien camina por el suelo, los sensores producen un hilo de color, un rastro de luz. Cuanta más gente pasa por él, los hilos luminosos van creando algo así como una labor de punto. Además hicimos un puente, también con la idea del tejido y la moda en mente. Si alguien cruza el puente, los ojos electrónicos que instalamos en él hacen que la luz siga a esa persona, cualquier que sea la dirección que tome: el puente se convierte en una pasarela de moda. “Un proyecto muy diferente fue la casa que hicimos en Panamá. Una bonita casa de playa cuyo propietario quería que no fuera convencional. En la parte trasera había un patio y, consultado el arquitecto, planteamos una forma de inundarlo. Por la noche el patio se inunda de agua, las bajantes emiten luz y, cuando está iluminado, da la sensación de que las columnas y todos los elementos arquitectónicos se funden en una sola unidad”.
¿Un espejo de agua?
“Sí, eso es. Se trataba de crear algo inusual. El arquitecto pensó en materiales, espacios, detalles. Y la iluminación desempeñó un papel protagonista. Por supuesto, también estaba el problema técnico de poder drenar el patio cuando el propietario quisiera usarlo. Pero el efecto es espectacular. Al cliente finalmente le encantó una vez superado el impacto inicial”. Suena casi emotivo.
“Fue el aspecto emocional de la iluminación el más atractivo al principio, la parte artística. Pero me di cuenta de que tendría que aprender a resolver los problemas técnicos si quería cumplir las expectativas creadas. Las emociones, no obstante, siguen siendo muy importantes. Creo que es por la forma en que percibo la arquitectura. Para mí es una sensación instintiva más que racional. Y creo que está apareciendo con más frecuencia en el trabajo que estamos haciendo. Pienso que cada espacio, interior o exterior, genera sus propias notas como la música.
La iluminación puede reproducir esas notas o potenciarlas, y convertir el espacio en una sinfonía”.
¿Sirve también para el alumbrado urbano?
“Aquí debemos ser muy cautos. No debemos abusar, sobre todo cuando usamos el color. Creo que el color en los proyectos arquitectónicos debe emanar de una clara intención y reflejar una lógica concreta a la hora de transmitir una emoción o un concepto de arquitectura. Pienso que estamos en peligro de perder el control porque las luminarias de color se están generalizando mucho. “Otro aspecto con el que debemos tener cuidado es con el de los tonos urbanos. Para mí la iluminación desempeña un papel importante en las ciudades, entre otras cosas por hacernos sentir seres humanos. Pero son tantas las posibilidades del alumbrado que creo que debemos mostrar un autocontrol considerable y no pasar el límite. Un punto de enfoque puede ser genial, captar la atención de la gente, pero también volverse contra el diseño del proyecto. La gente debe entender la sensación que una ciudad desea transmitir. Si tienes una importante herencia cultural, edificios relevantes, iglesias históricas, debes tener mucho cuidado con la forma de iluminarla en un marco de referencia urbano”.
Cuando piensa en la luz, ¿cuál es la imagen que le viene a la mente?
“Cuando fui plenamente consciente de las implicaciones de la luz, quedé impresionado por el uso de la luz en el arte. Las pinturas de Joshua Klum con las velas iluminando la escena. Y el uso de las luces y las sombras en las obras de Carabollo. Son tan dramáticas que crean emoción. “Pero para mí, la luz siempre me remitirá a la vela. Eso es lo que pienso. Ha sido la herramienta con la que se ha iluminado la humanidad durante miles de años. Hoy estoy especializado en luz artificial, pero en mi mente, en mi subconsciente, la luz sigue siendo la de la vela”.
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Biografía
Lugar
Ciudad de México, Mexico
Especialidades
Hoteles y ‘resorts’, corporativa
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