Cuidar el cielo  con mejor luz  

El cielo, un patrimonio

 

Cuando hablamos de patrimonio, siempre pensamos en las iglesias, catedrales y monumentos que atesoran nuestras ciudades. Pero hay un patrimonio más ancestral aún que nos ha acompañado desde siempre: el cielo.

En noviembre, la Junta de Andalucía firmó junto a Philips un manifiesto que promueve la iluminación sostenible no solo en términos energéticos, sino también medioambientales. Una iluminación sostenible es aquella que da luz solo donde y cuando se necesita y lo hace a su vez con la mayor eficiencia energética. El manifiesto es una posición común hacia un diseño de los sistemas de alumbrado que protejan la biodiversidad y la calidad de los cielos, haciendo nuestras ciudades más habitables.

El estudio y la observación del firmamento han sido claves en el desarrollo del ser humano, marcando su evolución como civilización en aspectos tan importantes como la orientación y la definición del calendario. Gracias a la observación de las estrellas, pudimos atravesar océanos y descubrir nuevos territorios, establecer rutas de navegación y expandir el comercio.
 

La observación del cielo a nivel profesional sigue aportando muchos datos sobre el origen del universo y la evolución del hombre y por este motivo se debe proteger de modo especial las zonas donde se encuentran nuestros observatorios astronómicos. Sin embargo, la mayor parte de los ciudadanos miran al cielo para disfrutar de su belleza, pero en los grandes núcleos urbanos es cada vez más difícil. ¿Se han escondido las estrellas? Evidentemente no, pero emitimos tanta luz a la atmósfera que solo podemos apreciar las más brillantes, la luna y algunos planetas.

iluminación nocturna de europa
¿Contaminación lumínica?

Es el flujo luminoso innecesario que proviene de fuentes artificiales de luz, esta luz se refleja en las partículas en suspensión de la atmósfera y genera la aureola que todos vemos cuando nos alejamos de la ciudad, escondiendo las estrellas tras ella. La luz es necesaria para el bienestar de los ciudadanos y el desarrollo de las ciudades. Pero se pueden realizar proyectos de urbanismo, que a la vez que promocionen nuestras ciudades, tengan en cuenta el control de la emisión de luz al hemisferio superior, reduciendo al máximo la contaminación luminosa.

Philips lleva años tratando de concienciar a las administraciones de la importancia de un alumbrado urbano a escala humana, pensado para las personas y su entorno. En este marco surge el manifiesto firmado con la Junta de Andalucía, en el que uno de los puntos más importantes es el compromiso de diseñar e implementar instalaciones en las que el flujo luminoso se oriente solo a la superficie que ilumine, eligiendo ópticas y luminarias que aseguren una uniformidad adecuada y no emitan luz en zonas indeseadas. De este modo, se evita la luz intrusa en los domicilios de los ciudadanos y la emisión innecesaria de luz a la atmósfera.

En una ciudad encontramos muchas áreas con diversas actividades, desde las zonas turísticas y comerciales, las vías de tráfico rápido que conectan las diversas zonas de la ciudad, espacios verdes, parques y jardines, zonas deportivas, e incluso las áreas industriales. Cada zona tiene distintas necesidades de iluminación y también distintos horarios de uso. Adecuar el tipo de luz y los niveles a las necesidades y horarios, además de mejorar la vida de los ciudadanos, mejorará la calidad del cielo.
cielo estrellado de noche
¿Cómo afecta a los ciudadanos?

Mediante planes urbanísticos completos y realizando los cambios adecuados en los sistemas de iluminación actuales, desaparecerán del paisaje las míticas farolas globo que emitían luz en 360º, dando paso a modernas farolas con un haz de luz dirigido a la acera y colocado más cerca de la superficie que iluminan. De este modo, se evita la luz parásita en los domicilios, facilitando el descanso de los ciudadanos. Con la trasformación paulatina del alumbrado, veremos cómo poco a poco podremos observar cada vez más estrellas, recuperando el paisaje celeste.

Desde que el hombre pudo controlar el fuego e iluminar donde y cuando quisiera hasta hoy, han pasado millones de años de evolución. En los últimos cien, el alumbrado artificial ha progresado convirtiéndose en uno de los servicios esenciales que permiten el desarrollo de la actividad humana.

En su origen, la evolución se centró en aspectos luminotécnicos y económicos, después aprendimos que el alumbrado debía ser eficiente, logrando mayores niveles de iluminación con menor consumo energético, añadiendo la eficiencia energética al vocabulario cotidiano. Sabemos que una buena iluminación no es sinónimo de mucha luz, sino la adecuada en cada zona y en el horario apropiado. Este manifiesto supone un gran paso al que seguro se unirán muchos más, para que el día de mañana leguemos a nuestros hijos ciudades en las que la tecnología conviva con el máximo respeto al ser humano, al medio ambiente y al cielo.
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