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La iluminación clave
en Museos

La importancia de la Luz


Cada persona tiene una rutina diferente cuando visita un museo. Algunos se detienen en cada obra, otros las ven por encima hasta que algo llama su atención, y luego están los que ya han visto varias veces la colección, pero disfrutan con su compañía y agotan la tarde paseando entre las salas. Los museos son lugares vivos, llenos de arte o historia, pero es cierto que no tendrían sentido si no tuvieran nada que mostrar en su interior o si no hubiera luz que dejara ver lo que esconden.

La iluminación es un factor primordial en un museo. Es el elemento que nos permite disfrutar la obra tal cual es, con todos sus matices cromáticos y formales.
 

Georges Braque decía que “los objetos no existen para mí, salvo que exista una relación armónica entre ellos y también entre ellos y yo”. La luz debe establecer esta relación armónica entre objeto y espectador para que las obras puedan apreciarse correctamente. Pero a veces no debe verse solo como algo funcional, es también un elemento plástico, como la pintura y escultura, capaz de generar emociones y comunicar. En determinadas exposiciones, la luz contribuye al significado de la obra y genera el contexto expositivo adecuado, posicionando al espectador en un estado emocional en el que perciba la obra en su total complejidad.
 

Por otra parte, la luz es el principal enemigo de la obra. Los pigmentos y ciertos materiales de los que están compuestas las piezas se degradan térmica y fotoquímicamente (Ley de equivalencia). El espectro lumínico que percibe el ojo humano está entre los 400 y 700nm; por encima y debajo de este rango, aparece la luz infrarroja e ultravioleta. La infrarroja puede afectar a la temperatura y humedad del aire; puede provocar también un aumento de la temperatura en los objetos que favorece la actividad química. Mientras, la ultravioleta puede dañar los pigmentos o materiales de origen orgánico, y no debe superar los 75µW/lumen. Ambas radiaciones son invisibles a nuestros ojos, pero han de ser controladas, ya que pueden dañar irreversiblemente las obras.
 

El efecto nocivo de la luz es acumulativo, por ello la iluminación museística debe ser exquisita y rigurosa. Los requisitos de conservación de las obras exigen la elección de una fuente de luz y óptica adecuadas, cantidad de flujo luminoso e incluso determinadas características en las instalaciones eléctricas. Pero debemos encontrar el equilibrio entre proteger la obra e iluminarla cumpliendo tres premisas básicas: que no existan deslumbramientos ni reflejos, uniformidad lumínica y una reproducción cromática lo más cercana posible a la de la luz natural.
 

La aparición del LED ha permitido mayor flexibilidad a los diseñadores para cumplirlas. Y es que el LED no emite rayos ultravioleta, no irradia calor y tampoco infrarrojos. Los nuevos proyectores LED que tenemos en el mercado poseen, además, un índice de reproducción cromática superior al 90% y pueden evitar los temidos deslumbramientos con pequeños accesorios, olvidándonos de las rejillas panel de abeja y las famosas aletas.

iluminación en museo egipcio de Turín
El Rijksmuseum en Ámsterdam, tras la impresionante transformación llevada a cabo por los arquitectos españoles Cruz y Ortiz, se ha llenado de luz con 3.800 proyectores Stylid colocados en carriles. Se utilizaron LEDs con una temperatura de color de 3000°K y un índice de reproducción cromático de 93, que permite a los colores brillar con toda su intensidad. Sobre los carriles, una  iluminación indirecta, destaca los techos de las galerías. El reducido tamaño del proyector y su haz de menos de 10° genera sombras pronunciadas que ayudan a percibir las texturas y brillo de las obras.

El control también es un punto importante en los museos. Deben tener como mínimo dos tipos de iluminación: una para el mantenimiento y otra para las salas. Esta última debe poder ser regulada en función de las necesidades de cada exposición. Para el Rijksmuseum, se utilizó un sistema de control que permite la regulación de la iluminación de todo el edificio desde una sencilla interfaz web.
iluminación en Rijksmuseum de Ámsterdam
De igual manera, varias salas del Museo egipcio de Turín han renovado su iluminación solamente sustituyendo lámparas alógenas por Master LEDpot. Esto solo puede hacerse con un buen proyecto de iluminación. La creada por Dante Ferretti en 2006 era perfecta, pero conllevaba un alto mantenimiento. Esta es otra de las ventajas del LED. Con este sencillo cambio, han logrado reducir costes en alumbrado y mantenimiento, permitiendo dedicar más tiempo y recursos a tareas de conservación.

No hay una fórmula única para una buena iluminación, en eso reside su encanto y complejidad. Aunque iluminar correctamente es un arte, la protagonista en este caso es la pieza que está expuesta. El buen trabajo de iluminación es el que trasciende en el tiempo y pasa desapercibido, convirtiendo la obra en la máxima protagonista del espacio.